Arte de Acción 1996 - 2002
XI Ventanas
En las acciones del grupo XI Ventanas se percibe la impronta de un destino épico.
Sus intervenciones en recónditos paisajes naturales, sus peregrinajes en pos de lugares que escenifican conflictos latentes entre el hombre y su entrono - ora corrompido por su propio habitarlo, ora negado u olvidado - torna a los miembros del grupo en actores de un drama social soterrado, que pulsa por alcanzar un sitio en la conciencia.
Sus trabajos en espacios no convencionales los ubican, necesariamente, en márgenes del circuito de arte. Sin embargo, sus acciones reclaman una mirada artística, la que solo se consigue abandonando cierto estado de complacencia frente a la "obra de arte" tradicional y asumiendo la responsabilidad, y hasta el trabajo, de desestimar toda concepción estética pre -existente en vistas a cuestionar formatos y categorías.
No obstante, la lejanía de museos y galerías de arte obedece a las necesidades intrínsecas de las acciones antes que el cuestionamiento de la estructura institucional del arte. En este sentido, las realizaciones del grupo no buscan negar toda aproximación artística, sino más bien, apuntan a expandir los límites de lo artístico.
Sus producciones se encuentran a gusto por igual en el fragor de la vida urbana cotidiana o en el impenetrable silencio de la naturaleza solitaria y casi virgen. En busca de los escenarios que encarnan de mejor manera sus preocupaciones sobre la memoria, la opresión, el abandono, la desidia o la exclusión, los integrantes del grupo han reestructurado su labor creadora hasta fundirla con el compromiso político, social, cultural y ecológico.
Recogiendo la fugaz tradición del land art - que en Argentina es bastante escasa, a excepción de la obra de Carlos Ginzburg en la década del setenta - fundamentalmente, de la performance pública y la intervención urbana - con una tradición algo más profusa, en particular, en el sentido de las intervenciones políticas afines a este grupo - las acciones de XI Ventanas exaltan lo vivencial, lo efímero, y la concepción de la obra artística como huella de un suceso único e irrepetible, reinterpretada solo parcialmente en el registro.
Los documentos que resultan de estos actos, son antes la crónica de una vivencia colectiva que los testimonios de la materialización de un producto artístico. De hecho, muchas veces es la propia experiencia personal la que se torna en obra, en performances que imprimen las consecuencias de las acciones sobre los cuerpos de los propios artistas.
Efectivamente, es común que sean los cuerpos quines encarnen el proceso reflexivo en el que se despliegan las obras. Cuerpos como marcas en el paisaje; cuerpos como signos de una existencia humana o de la cultura: cuerpos como símbolos de construcciones sociales o culturales; cuerpos como soportes de la acción artística.
Cuerpos que se nombran en presencia, como en las intervenciones en el Valle de Talampaya , pero también en ausencia como en Quilmes Temporada Baja.
Cuerpos que son metáfora del cuerpo social, que encarnan los conflictos de la experiencia colectiva, y los devuelven transformados en reflexión artística, mirada extrañada, en un llamado de atención, en una apelación a la conciencia colectiva.
Rodrigo Alonso
Catálogo
Arte de Acción 1996 - 2002
Buenos Aires.